Evil Dead en Llamas mantiene la buena reputación y la dignidad de una saga que, hasta ahora, no tiene una sola mala película. Esta secuela posee un ritmo furioso, es muy sangrienta, conserva el humor negro característico y ofrece momentos tétricos y secuencias de splatter brutales. Además, incorpora mitología y varios guiños a la saga.
Sin embargo, es incapaz de generar verdadero suspenso, y tanto su impacto como su atmósfera se sustentan principalmente en el gore. Incluso creo que, durante el tercer acto, decepciona un poco y deja de sentirse como una película de Evil Dead.
La historia: después de la horrible muerte de su esposo, Alice se reúne con su familia en una casa de vacaciones ubicada en el bosque. Territorio conocido. La casa esconde un secreto relacionado con el Libro de los Muertos que ya conocemos. Por ende, los demonios que tanto apreciamos regresan para reclamar algo que les pertenece… y desatan un infierno sangrientísimo.
El director Sébastien Vaniček declaró que su intención con la película era:
«Crear una experiencia visceral y sensorial que golpee al público en las entrañas. Quiero que la gente se sienta físicamente agotada al salir del cine, como si hubiera atravesado un viaje emocional e intenso».
Considero que apenas lo consigue. Resalto su dirección creativa y elegante. La cinematografía es estupenda, al igual que la música fantasmal. Las actuaciones también son muy buenas. Sobresalen Souheila Yacoub y Luciane Buchanan.
Algunas situaciones de horror dentro de la casa me recordaron a Dead Dudes in the House, mientras que cierta subtrama romántica se siente más cercana a Hellraiser.
Creo que Evil Dead Burn es el equivalente a El Conjuro 2 y Halloween Kills dentro de sus respectivas sagas. Definitivamente, no es tan buena como el remake de 2013 ni como Evil Dead Rise, película a la que se le da una pequeña continuidad.
Véanla en cines. Soy un deadite satisfecho, pero esperaba más.


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